sábado, 28 de diciembre de 2013

EN FIESTAS


Un año más estamos en fiestas y este quiero que sean diferentes, en los anteriores me ha tocado siempre trabajar y no he podido disfrutarlas como se merecen. Esta noche he quedado con unos compañeros del trabajo para ir a pinchar y tomar una copa en el centro, así que a las ocho empiezo a prepararme. Toca afeitarse, ducharse y ponerse guapo, tras una hora de preparativos por fin salgo de casa con unos vaqueros claros y una camiseta nueva de color rojo intenso, hoy llamo la atención seguro.


Mientras bajo en el ascensor me veo reflejado en el espejo y me gusta lo que veo, últimamente no salgo casi nada y me he cansado de estar tirado en sofá con un chándal viejo mientras veo películas antiguas y bastante malas. Hasta hace unos años salíamos dos o tres veces por semana pero todos mis amigos fueron encontrado pareja y poco a poco me quede solo, aunque he tenido alguna relación, nunca quise nada serio y ahora con 40 años creo que fue un erro, me lo he pasado muy bien en mi vida pero los días y las noches siempre solo son muy duros y en  la vida que siempre soñé nunca lo estaba tanto como  ahora. Seguimos quedando los amigos de vez en cuando pero ya no es lo mismo, las conversaciones han cambiado mucho, ya no hablamos de tías, de futbol o de la ultima borrachera, sino que ahora hablan de sus mujeres, sus proyectos y de los niños y claro en esos temas yo no puedo entrar mucho.
Cuando llego a la calle, Antonio, un compañero, ya me está esperando dentro del coche, así que me monto y nos vamos al centro, por el camino recogemos a Félix y a Carlos  que nos están esperando cerca de la fábrica donde trabajamos ya que viven en ese barrió los dos. Durante el camino hablamos del trabajo, como no, nunca hemos sido capaces de separar la diversión del trabajo aunque en el fondo a ninguno nos gusta hablar de ello cuando salimos.
Después de 30 min dando vueltas al final Antonio decide meter el coche en un parking, siempre termina  saliendo más barato que andar dando vueltas como tontos por el centro que es todo zona azul y nunca hay sitio, ¡joder parece que todo el mundo ha salido hoy a la calle!, no me extraña ha sido un día muy caluroso y a estas hora baja un poco la temperatura con lo que se ha quedado una noche muy agradable.
Cuando llegamos a las primeras casetas encontramos al resto del grupo que claro con lo que hemos tardado en aparcar ya hace rato que nos esperan, ponemos un fondo común y decidimos empezar a cenar y beber por la barra que tenemos más cerca. Durante las fiestas de mi ciudad se montan en la zona centro y en algunos barrios, casetas de los restaurantes y bares de la zona donde hay pinchos y bebida a buen precio, además hoy hemos venido a la  plaza de la universidad que siempre está ambientada por un Dj que nos pone los éxitos del último verano, el de hoy es un chico joven que micrófono en mano anima a todo el mundo a bailar mientras nos dirige con sus paso de baile, la verdad es que lo hace muy bien y mucha gente se anima a seguirle.
 
 
Tardan una eternidad en servirnos, pero en noches como esta no cabe cabrearse, con tanta gente demasiado hacen los camareros para saber quien ha pedido y que. El primer pincho es un pimiento relleno de bacalao que esta riquísimo bien regado con la primera caña fresquita; las conversación también está muy bien ya no se habla del trabajo sino de las vacaciones que hace 20 días hemos terminado todos, así que la cosa se anima.
  Vamos a otra caseta y pedimos otra ronda, mientras esperamos oigo como me llaman –José, José- me giro y me encuentro a mi hermano y a su mujer que van de paseo con mi sobrina, una pequeñaja rubita de un año que hace mis delicias al cogerla en brazos y ver cómo me sonríe, me dicen que se van ya a casa que la enana está muy cansada y que hay que acostarla, yo no me lo creo la rubita esta entera y los que tienen cara de cansados son ellos, pero nos despedimos y prometemos llamarnos pronto, no soy muy familiar y se me suele olvidar llamar en los cumpleaños y demás celebraciones, pero no lo hago adrede, yo soy así y en mi familia me lo perdonan porque ya me conocen muy bien.
Cuando mi hermano se va llega el pincho y las caña; es en ese momento cuando te veo. Estas a unos diez metros de mí mirándome a los ojos, yo solo puedo aguantar la mirada unos segundos, creo que me he quedado con la boca abierta y cara de tonto. Cuando voy a morder mi pincho aprovecho para volver a mirarte pero ya no estás, como puedo ser tan idiota, te busco entre la gente pero no hay forma de verte, esto esta llenísimo, cuando te doy por perdida me giro y me doy de frente con tus ojazos marrones, has cambiado de sitio y ahora estas a muy poca distancia de mi, sigues mirándome a los ojos y tengo que apartar de nuevo la mirada, pero no quiero volver a despistarme y de reojo sigo tus movimientos. Estas con dos amigas que no sé ni cómo son no puedo dejar de mirarte a ti, habláis y sonríes continuamente y tu no dejas de lanzarme miraditas.
Respiro hondo y me decido a observarte mejor sin tanto disimulo, eres preciosa, tienes una larga melena con mechas rubias, un poco más baja que yo pero los tacones nos igualan, tus piernas son larguísimas y la minifalda ajustada las hace resaltar, llevas un blusa banca con los botones de la parte de arriba sueltos y un colgante dorado sobre el escote que no puedo dejar de mirar, tus pechos son redondos y de un tamaño perfecto. Cuando te miro de nuevo a los ojos me doy cuenta de que me sigues mirando y me ruborizo, pienso ¿Cuánto tiempo he parado en tu escote? ¿Te abras dado cuenta?, no me atrevo a mirarte de nuevo, estoy muy avergonzado y me doy la vuelta para disimular. Por fin me decido de nuevo y al girar de nuevo hacia dónde estabas casi me doy de morros contigo que te has acercado sin yo darme cuenta. Sigues sin quitarme el ojo de encima.
Tomas, uno de mis compañeros, se ha dado cuenta de la situación y empieza a picarme para que te diga algo, no puedo, mi timidez me lo impide, de que voy a hablar contigo cuando te conozca, es el problema que siempre he tenido con las mujeres, cuando no va a pasar nada no paro de hablar y de encontrar temas de conversación pero como una mujer me guste lo tengo muy mal.
Me traen el tercer pincho con su correspondiente  caña y una de tus amigas va hacia la barra a pedir para vosotras, en cuanto lo ve Tomas va directo a por ella se la presenta y se pone a hablarla, -no seas cabrón no la digas nada de mí-, es lo único que puedo pensar, pero es tarde tu amiga no deja de mirarme mientras habla con él y te lanza a ti miraditas y sonrisitas , por el rabillo del ojo veo que tu también les miras y que estas sonrojándote. Por lo menos no soy el único pienso, me hace gracia y comienzo a sonreír, te miro tu también sonríes y me miras, no sé cómo he sacado valor pero doy los dos paso que me faltan para acercarme y te digo -¿Qué crees que están tramando nuestros amigo?- te echas a reír a carcajadas y yo te sigo, me contestas –creo que saben que me gustas y quieren hacer de celestinos- nos reímos mas aun, ahora veo tus dientes, son una hilera de perlas perfecta y blanca como tu blusa; -¿Que podemos hacer para estropearles el plan a esos dos?- te pregunto y tu respuesta es la esperaba –conocernos sin su ayuda-, me miras de nuevo a los ojos y ves en ellos mi aprobación así que me das dos besos y me dices tu nombre, -Carla-, y yo te digo el mío -yo José-, automáticamente estamos rodeados de nuestros amigos todos quieren que te presente al igual que tus amigas a mí, te cojo de la mano te hago un gesto con la cabeza y tu asientes así que salimos corriendo cogidos de la mano de ese alboroto, me he sentido por un momento como un niño pequeño y me ha hecho mucha gracia.
Miramos hacia tras al dar la vuelta a la esquina, no nos siguen, te suelto de la mano y seguimos andando ya más tranquilos y comenzamos a hablar. Yo no me había fijado en ti nunca pero tú ya me conocías de vista de hace unos años, íbamos a los mismos bares con distintos amigos, a mi me extraña y te digo -no es posible que no te recuerde-, tú me cuentas que estabas mas gordita y que tenias el pelo completamente oscuro y gafas, ahora llevas lentillas, pero no caigo no te recuerdo me hablas de la gente con la que solías estar y de repente me acuerdo, -si claro pero siempre ibas con un maromo-, me cuentas que era tu marido y que os habéis divorciado hace unos mese cuando te enteraste de que te la estaba pegando, yo solo puedo pensar “pues peor para él”.
Vamos hacia otra plaza donde hay unas terrazas muy tranquilas, nos sentamos en una de ellas y seguimos hablando durante largo rato. Es muy agradable estar aquí con una chica tan guapa e inteligente, me cuentas que eres tele-operadora y que sigues estudiando en la escuela de idiomas, que desde el divorcio no sales nada de casa, que te tienen que sacar tus amigas a rastras y que hoy no querías salir pero que te alegras de haberlo hecho. Yo te hago un resumen amplio de mi vida con alguno de los chascarrillos que me han hecho famoso entre mis amigos, lo pasamos muy bien, miras el reloj y das un respingo, son las tres de la mañana, se nos ha pasado el tiempo volando y tú tienes que madrugar para trabajar al día siguiente. Me ofrezco a llevarte a casa, pero me dices que otro día, sacas tu móvil y mandas un whasapp a tu amiga, ínsito en acercarte que soy un tío de fiar y en ese momento tus amigas salen del mismo bar donde estábamos sentados nosotros, no las había visto ni llegar, -que bien vigilada te tienen- te digo y me contestas –son mis mejores amigas y no me van a dejar sola con el primer desconocido que se me cruce- te ríes de muevo, me gusta mucho como lo haces. Te voy a dar dos beso para despedirme de ti y me respondes con un pico, corto pero muy intenso pero sin más te alejas de mi.
Me quedo solo mirando como os vais antes de llegar a la esquina te das la vuelta, me miras por última vez  y me lanzas un beso; te pierdo de vista. Estoy solo sentado en la terraza apurando mi copa, cuando Tomas se acerca y me pregunta -¿Qué  tal todo? parecía una chica muy simpática- yo le digo que sí y él me dice - ¿abras quedado con ella para otro día?- y de repente me doy cuenta –¡joder! no tengo su teléfono- me levanto de un salto y salgo corriendo hacia donde te he perdido la pista, Tomas viene conmigo riéndose sin parar al llegar a la esquina ya no estáis –pero como puedo ser tan tonto, se me paso- Tomas se ríe de nuevo a carcajada limpia solo le falta tirarse al suelo - ¿y tu de que cojones te ríes? – estoy muy alterado, me mira muy serio extiende la mano y me da un papel con unos numero apuntados,  -es el teléfono de su amiga, ha insistido en dármelo pero a mí no me gusta, aprovéchalo tu- miro el trozo de papel y le doy un abrazo a Tomas que vuelve a reírse.
Saco el móvil y marco el numero, un tono, dos tonos, tres tonos y una voz -¿Quién es?- respiro aliviado –soy José el chico que estaba con Carla, es que se me ha olvidado decirla una cosa, ¿me la puedes pasar por favor?- se ríe, pero no la oigo atreves del teléfono, me doy la vuelta y ahí están las tres mirándome como si fuera bobo, Carla se acerca y me dice –apunta anda, que vaya dos despistados que somos- me dice el numero, lo meto en la agenda y ahora soy yo quien la besa pero no es un pico es un beso intenso húmedo en toda regla ella me corresponde, me abraza, me separa y se va de nuevo.
Tomas y yo cogemos un taxi juntos, me pilla de camino dejarle a él cerca de su casa, no hablamos, cuando el taxista se detiene Tomas se dispone a bajar y me dice –está carrera la pagas tu, me la debes- yo asiento y nos despedimos.
Continúo hacia mi casa y le digo al taxista que se detenga unas manzanas antes, quiero respirar y no puedo dejar de pensar en ti. Me acuesto y no puedo dormir, cojo el teléfono miro tu numero y decido mandarte un mensaje “gracias por una noche fantástica”, me quedo mirando la pantalla, tu no respondes el sueño me vence y me quedo profundamente dormido.
A la mañana siguiente lo primero que hago nada más abrir los ojos es mirar el teléfono, tengo un mensaje tuyo “no se dan las gracias, solo se pide una cita para repetirlo”, cada minuto que pasa me gustas más, escribo una respuesta, “te parece bien esta noche”, por lo que me contaste ayer, mañana no trabajas, espero tu respuesta impaciente, no llega. Me pongo a desayunar miro el móvil mil veces, me doy una ducha, aun mojado miro de nuevo, nada. Qué asco es esto de los mensajes, miro cada diez minutos y de repente el móvil empieza a sonar y a vibrar, casi se me cae de la mano del susto, leo tu mensaje, me dices que te pase a buscar a las nueve y media y me das tu dirección, contesto con un “ok” y un “besos”.
Vaya día que he pasado, sin trabajar no tenía nada que hacer y se me ha hecho eterno, pero por fin son las nueve y media y ya estoy en tu portal., llamo al telefonillo y me dices que bajas en cinco minutos. A mí me parece que ha pasado media hora por lo menos cuando se abre la puerta, estas impresionante, con una minifalda negra de tablas y una camiseta ceñida también negra que te deja un escote de vértigo sobre el que cuelga un collar de cordones dorados entrelazados, rematado de una piedra de ámbar amarillo.
No damos un beso y te pregunto que donde quieres que vayamos, me dices que mejor por allí cerca que hay varios sitios donde cenar algo y un par de Pubs sonde tomar una copa después. Abrimos boca con un par de cañas y nos vamos a un pequeño restaurante italiano que hace esquina pedimos la cena y una botella de vino rosado de aguja que esta riquísima.
Durante la cena hablamos de muchos temas pero sin parar de mirarnos a los ojos, se nota que estamos  muy relajados y que estamos disfrutando. Cuando nos traen el postre ya no queda nada de vino y a mí se me ha subido un poco a la cabeza, tus mejillas sonrosadas me dicen que te pasa  lo mismo y además no paramos de hablar y de reír cada vez mas alto. Tú has pedido una copa de mus de queso y yo solo un café, soy muy goloso pero no me entra mas comida. Mientras comes la mus comienzas a jugar con la cuchara muy despacio la saboreas, la giras dentro de la boca apretando los labios alrededor de ella y sacando la lengua un poco para recibir cada cucharada, es un movimiento hipnótico. Después pasas la mano con mucho disimulo cerca de tu escote siguiendo la forma de pico que tiene, coges otra cucharada y empiezas de nuevo, me estoy calentando.
De pronto noto en mi pierna  tu pie que se pasea muy despacio de arriba abajo por ella y como cada vez sube más y más hasta que lo colocas entre mis piernas sobre la silla, no me estoy calentando, ya estoy muy caliente. Me muerdo un poco el labio inferior y tu sonríes miro hacia abajo con disimulo y veo tu pie ahí, entre mis piernas, le acercas a mi sexo y comienzas con un suave masaje sobre él, ¡que placer!, te miro de nuevo y me haces un gesto con la cabeza para que nos vayamos, pido la cuenta y dejo el dinero sobre un platito metálico, no espero ni a que traigan la vuelta. Te cojo de la mano y salimos del restaurante.
 
 
En la puerta comenzamos a besarnos, nuestros cuerpos están muy calientes, tu boca en un manjar, tus labios muy blanditos y gruesos no me dejan casi respirar, nuestras lenguas se entrelazan en un baile lascivo. Nos detenemos y nos abrazamos, te doy la mano comenzamos a andar hacia tu casa, nos detenemos cada pocos pasos y seguimos besándonos acariciándonos, la gente se cruza con nosotros nos mira, estamos dando el espectáculo, una señora mayor al pasar a nuestro lado no dice –marranos-, y comenzamos a reírnos.
En tu portal buscas las llaves desesperada en tu bolso, abres la puerta y entramos, me miras te ríes y me dices – espero que estés en buena forma, es un cuarto sin ascensor-, resoplo y encojo los hombros. Antes de comenzar a subir nos volvemos a besar, apoyo tu cuerpo contra la pared del portal y mientras te beso acaricio tus pechos, son mejores de lo que parecía, de un tamaño perfecto, muy duros, meto los dedos un poquito por el escote, tu piel es suave, con el dedo índice rozo un pezón, se eriza de inmediato y un suspiro sale de tu boca. Te apartas de mí y empiezas a subir delante por delante. Dejo unos escalones de distancia entre ambos, a cada paso tu minifalda se bambolea dejándome ver la parte baja de tus glúteos, estiro una mano y los acaricio, te paras en seco y lo pones en pompa para que pueda verlo mejor y hacerlo con más facilidad, me deleito durante unos segundos y paso mis dedos por tu entrepierna, está muy caliente y húmeda, aprietas las piernas atrapando mi mano y escucho un gemido. Me liberas y continuamos subiendo. Al llegar arriba nuestra respiración esta entrecortada, no sé si por el esfuerzo o por el deseo.
Metes las llaves en la puerta  pero te agarro por la cintura y restriego mi polla por tu culo, dejas caer la cabeza ligeramente hacia atrás ofreciéndome tu cuello; lo beso y le doy unos pequeños mordisco, ahora ya jadeamos los dos.
Entramos en casa y la puerta se cierra detrás nuestro, en el hall nos abrazamos nos besamos y nos desnudamos el uno al otro, solo nos quedamos con la ropa interior, tanga y bóxer. Me agarras de la mano y me llevas a tu cuarto, hay una luz tenue procedente de las farolas de la calle, me empujas contra la cama, las sabanas son de raso muy suaves y de color gris con dos almohadones rojos en la cabecera, me quedo allí tumbado, observas mi cuerpo desde arriba y me dices –espera aquí un momento, merecerá la pena poder verlo todo- sonríes y sales de la habitación.
Me quedo sin saber muy bien qué hacer ni a que te referías con lo que has dicho, en unos segundos lo comprendo, entras con dos velas encendidas y huelo a incienso que bien de fuera de la habitación, colocas una vela en cada mesilla y la habitación queda iluminada de una manera muy sexy; la luz de las velas provoca brillos en las sabanas y en tus ojos, es todo perfecto.
 
Antes de que te des cuenta y aun estando de pie junto a la cama me siento en el borde y te agarro por las caderas, la altura es la necesaria, paso mis labios por tu tanga mientras la beso y con mis manos masajeo de nuevo tu trasero, aparto la braguita y comienzo a besarte directamente en los labios, me coges por la cabeza y la aprietas contra tu cuerpo, de inmediato te mojas entera y tu respiración se acelera –ummmm que bien lo haces no pares-.
Te tumbo sobre la cama y meto la cabeza entre tus piernas para continuar con lo que hacíamos, mi lengua recorre los labios mayores, muy despacio, con ayuda de los dedos abro poco, es rosado y con un aroma intensísimo, masajeo los labios menores y mi lengua se dispara hacia tu clítoris, hago círculos a su alrededor dándole pequeños toques con la punta una y otra vez te aferras a mi cabeza y me aprietas fuerte contra el, casi no puedo respirar pero no quiero parar, quiero que un orgasmo; aumento el ritmo y no hace falta más, es muy largo e intenso. Me haces subir y besarte, mi boca sabe a ti, te gusta, estoy a doscientos.
Haces girar mi cuerpo con un ligero movimiento de caderas y me quedo tumbado mirando al techo, me coges con fuerza el miembro y comienzas un movimiento suave y lento, arriba y abajo, arriba y abajo. Tu lengua entra en mi boca casi hasta la campanilla y la recorres entera, bajas un poco y me mordisqueas el pecho, la piel de todo mi cuerpo se estremece en un escalofrió de placer. Sigues bajando despacio haciéndomelo desear besando mi abdomen. Besas la punta de mi erección y pasas la lengua por toda su largura, me besas y lames mis testículos. Vuelves al punto de inicio besas la punta pasas los labios por ella solo rozándola, me haces cosquillas. La metes en tu boca un poco, y un  poco más,  hasta el fondo, ahora estoy seguro de que he tocado el fondo de tu garganta, doy un pequeño grito de placer. Continúas masturbándome mientras te la comes.
Te doy la vuelta para que no sigas, la que mira al techo ahora eres tú, te agarro de los tobillos y te abro las piernas, entro en  ti con fuerza, los ojos se te sale de sus orbitas, te muerdes los labios, y me clavas las uñas en el culo tirando hacia ti  para que entre aun mas, cambio todo lo que puedo el ritmo para que no puedas correrte,  te retuerces y chillas de placer yo tampoco aguantare mucho.
 
Los dos terminamos juntos, en una explosión corporal tremenda, jamás había tenido un orgasmo así, no quiero salir de ti. Nos besamos durante un largo rato, sudados, acariciando nuestros cuerpos, hablamos largo rato y sin ninguna prisa comenzamos de nuevo el ritual.
Nos dormimos abrazados el uno al otro, así despertamos al amanecer; no nos hemos separado ni un centímetro, el contacto de nuestra piel ha sido continuo,  la sensación es muy placentera. Esa día lo repetimos varias veces, ninguno quería separarse del otro y desde entonces somos eso, inseparables, mi vida ha cambiado y no sabría que hacer ahora si volviera a estar solo. Los sueños que tuve se están cumpliendo y la realidad es que me he dado cuenta de que antes tenía ciertas ventajas, sin dar explicaciones, pero el peso de la soledad había hecho mella en mi y no quiero volver a experimentarlo nunca más.

                                       
                                                                                                                            J. M. LOPEZ

6 comentarios:

  1. buenísimo, te falta algo en la narración. no se que es pero la historia muy buena como las otras

    ResponderEliminar
  2. Buff estoy enganchada a tus relatos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro, espero que el enganche continúe con los siguientes y que los disfrutes

      Eliminar
  3. Oscar Lazaro Arranz3 de febrero de 2014, 17:17

    Consigues que la accion no decaiga cuando entras en materia.Eso no es facil.Bien.

    ResponderEliminar

Se agradecerán los comentarios que sirvan para mejorar.